Por Agencia
Un estudio presentado en la 57ª Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias ha dado a conocer algo sorprendente: un nuevo cráter en la Luna. Los científicos responsables de su elaboración lo encontraron tras analizar miles de secuencias de imágenes captadas por la sonda LRO de la NASA, que lleva vigilando el satélite casi 17 años. Sin embargo, lo más sorprendente es que parecen haberse borrado decenas de oquedades que habían sido documentadas previamente.
El descubrimiento ha sido realizado por el astrónomo Mark Robinson, quien destaca que el cráter alcanza los 225 metros de diámetro. Según las simulaciones realizadas, un impacto de esta magnitud solo se produce una vez cada 139 años, lo que añade aún más valor al hallazgo. Además, llega a los 43 metros de profundidad y se encuentra rodeado por un halo de materiales brillantes que fueron expulsados violentamente durante la colisión.
Desaparición masiva de cráteres
Paradójicamente, la aparición de esta gran estructura ha provocado que el recuento total de cavidades en la zona disminuya de forma drástica. Los científicos han confirmado que decenas de cráteres previos han desaparecido debido a la potencia de la explosión y al posterior enterramiento por los materiales ejectados en el choque.
El equipo investigador explicó detalladamente la magnitud de esta pérdida geológica mediante la siguiente declaración técnica: «Solo se pueden detectar dos cráteres preexistentes dentro de dos radios, y ambos se encuentran a menos de 30 metros de ese límite.».
Los expertos añadieron además que: «Todos los demás cráteres dentro de ese límite fueron borrados o degradados de tal manera que ya no son detectables.». Esta degradación masiva implica que formaciones de hasta 40 metros de ancho han sido completamente borradas del mapa lunar, dejando una superficie lisa cubierta por sedimentos y rocas eyectadas.
Modelos de impacto lunar
La observación de bloques rocosos de hasta 11 metros confirma las teorías físicas sobre la distribución de energía en estas colisiones a gran velocidad. El seguimiento constante a través de internet y redes satelitales permite verificar que la Luna es un entorno mucho más dinámico y cambiante de lo que sugieren las observaciones astronómicas tradicionales.
Contar con registros visuales de alta resolución antes y después de un evento de estas características supone un hito para la geología planetaria. Estos datos resultarán fundamentales para asegurar la protección de misiones futuras, ya que demuestran la capacidad destructiva que poseen los meteoritos en un cuerpo celeste que carece de una capa atmosférica protectora.