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Ni crucigramas ni sudokus: descubren un sencillo hábito que reconfigura tu mente sin necesidad de meditar

Por Agencia

Explorar nuevas fronteras de la neurociencia permite descubrir cómo pequeños ajustes en nuestra fisiología transforman el bienestar mental. Por ejemplo, hace tiempo hablamos acerca de cómo la observación de aves tiene un impacto positivo sobre el deterioro cognitivo similar al aprendizaje de idiomas y la creación artística. También hicimos referencia a un estudio que afirmaba que meditar durante 10 minutos al día tenía el potencial de reconfigurar el cerebro en solo una semana. Pues bien, un reciente estudio presentado en el Embodied Minds Summit y disponible en bioRxiv plantea que el control de la respiración profunda tiene un efecto similar.

La investigación, liderada por Jack Feldman, experto de la Universidad de California-Los Ángeles, ha puesto el foco en el funcionamiento del pre-Bötzinger Complex o preBötC. Según los datos analizados, este centro neurálgico del tronco encefálico actúa como el marcapasos maestro que regula el ritmo respiratorio de manera automática en los mamíferos. Para estudiarlo, los científicos emplearon una técnica optogenérica que les permitió manipular neuronas específicas en ratones. A través de ella, redujeron su frecuencia respiratoria hasta un 70%.

Efectos biológicos del ritmo respiratorio

Al activar también proteínas sensibles a la luz, los investigadores pudieron observar cambios conductuales significativos sin necesidad de entrenamiento cognitivo previo. De hecho, tras solo cuatro semanas de estimulación, los sujetos de estudio mostraron una reducción drástica en comportamientos vinculados a la ansiedad y el miedo.

Los resultados indicaron que los individuos entrenados exploraban más espacios abiertos, alejándose de los rincones oscuros que suelen buscar como refugio ante el estrés ambiental. Pero ¿podría tratarse de un efecto placebo? Jack Feldman es categórico al respecto: “No puede ser un efecto placebo, porque los ratones no saben que (controlar la respiración) puede calmarlos”.

Por tanto, el beneficio aportado por la respiración lenta sería un efecto secundario de la conectividad cerebral inherente. De hecho, este es el hallazgo más relevante del estudio. Y es que demuestra que la calma puede inducirse de forma descendente, es decir, desde la fisiología hacia la emoción. Al intervenir en el preBötC, se logra un estado de relajación que persiste incluso cuando no se está realizando una práctica consciente o deliberada de meditación.

Conectividad y control consciente

En los seres humanos, esta región se comunica con áreas corticales implicadas en la toma de decisiones, lo que nos permite hablar o cantar. Andrea Zaccaro, neurocientífico de la Universidad G. d’Annunzio de Chieti-Pescara, señala que el estudio aísla un componente fisiológico esencial en la relación entre respiración y emociones.

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