365 Días Tamaulipas

La naranja entra en juego: un club de fútbol apuesta por una camiseta fabricada con su piel

Por Agencia

El fútbol rara vez se asocia con la investigación científica o la economía circular. Sin embargo, una nueva iniciativa del Real Betis Balompiéha logrado unir ambos mundos.

El club sevillano ha presentado una equipación fabricada parcialmente con fibras procedentes de pieles de naranja, un residuo abundante en la ciudad y estrechamente vinculado a su paisaje urbano. La acción forma parte de la plataforma ambiental Forever Green y busca poner el foco en el valor ecológico del arbolado urbano y en el potencial del reciclaje de residuos orgánicos para la industria textil.

La camiseta, desarrollada junto al fabricante Hummel, combina distintos materiales de bajo impacto ambiental: un 16,2% de fibra orgánica obtenida de pieles de naranja, un 37,8% de Lyocell —una fibra regenerada a partir de celulosa de madera— y 46% de poliéster reciclado. Esta mezcla elimina el uso de plástico virgen y da lugar a un tejido transpirable, resistente y suave al tacto, pensado para el rendimiento deportivo.

El diseño también incorpora un detalle singular: los dorsales incluyen una textura inspirada en la piel de la naranja y utilizan tecnología scratch and sniff, una tinta sostenible que libera aroma a azahar cuando se rasca, reforzando la conexión simbólica entre la prenda y el paisaje sevillano.

El naranjo, infraestructura ambiental de la ciudad

Para entender el sentido de esta iniciativa hay que mirar primero al árbol que la inspira. El naranjo forma parte del imaginario urbano de Sevilla, aunque su presencia en las calles es relativamente reciente en términos históricos. Según el arquitecto Miguel Ángel Campano, su expansión en el espacio público comenzó sobre todo a partir del siglo XX, cuando las ciudades empezaron a abrir grandes avenidas y a integrar arbolado en la planificación urbana.

Hoy la capital andaluza cuenta con más de 50.000 naranjos plantados, una cifra que muestra su peso dentro del paisaje urbano. Campano define el naranjo como un árbol particularmente eficaz para las condiciones mediterráneas: «Es un árbol que funciona bien en muchos parámetros a la vez. No es el que más sombra da ni el que más evapotranspira, pero se adapta muy bien a las calles estrechas, al calor y al espacio urbano«. Esa versatilidad explica por qué se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles de la ciudad.

Además de su valor cultural, el arbolado urbano cumple funciones ambientales esenciales. El propio Campano subraya que «los árboles regulan su temperatura mediante evapotranspiración y reducen la radiación solar que reciben las personas«, lo que mejora el confort térmico en las calles durante los meses más calurosos. El botánico Eugenio Domínguez, por su parte, insiste en esa idea y va más allá: «Los árboles urbanos no son un elemento decorativo, sino una infraestructura sanitaria invisible«. En su opinión, actúan como sistemas naturales de filtrado que contribuyen a mejorar la calidad del aire al absorber contaminantes y partículas presentes en el ambiente urbano.

Más allá de su papel en la calidad del aire, los árboles urbanos también influyen en la gestión del agua. Sus copas interceptan parte de la lluvia y ayudan a reducir las escorrentías que saturan el alcantarillado durante episodios de precipitaciones intensas.

De residuo urbano a materia prima textil

La idea de convertir la piel de naranja en tejido parte de una realidad cotidiana en Sevilla: cada año se generan grandes cantidades de este residuo, ya que el fruto de los naranjos ornamentales —generalmente amargo— apenas tiene salida comercial. En muchos casos, estas naranjas terminan siendo recogidas como residuo municipal para evitar problemas de suciedad o seguridad en las calles. «Si no se gestionan, las naranjas que caen se pudren y generan hongos o problemas en el pavimento», explica Domínguez.

Transformar ese subproducto en fibra textil introduce un enfoque de economía circular. En lugar de depender exclusivamente de fibras sintéticas derivadas del petróleo, el proceso permite recuperar una materia orgánica que de otro modo se degradaría sin valor añadido. Para Domínguez, el beneficio principal es claro: «La posibilidad de reciclar materiales de origen vegetal evita utilizar materias primas derivadas del petróleo y reduce contaminantes en nuestras ciudades».

Aunque el científico reconoce que todavía se trata de una iniciativa incipiente,también considera que podría tener un efecto demostrativo: «Si esto se extendiera y otras industrias utilizaran residuos vegetales similares, podría abrir una vía interesante para la producción textil». El impacto real dependerá de factores como el coste energético del proceso o su escalabilidad industrial.

Por ahora, la camiseta del Betis funciona sobre todo como un proyecto piloto de innovación material, identidad local y mensaje ambiental. En un contexto en el que más de la mitad de la población mundial vive en ciudades —y se espera que alcance cerca del 70% en 2050—, el club pretende utilizar el altavoz del fútbol para visibilizar la importancia del arbolado urbano y la reutilización de residuos.

En otras palabras, la equipación fabricada con naranjas no cambiará por sí sola la industria textil. Pero sí muestra cómo un elemento cotidiano del paisaje urbano puede convertirse en materia prima y, al mismo tiempo, en herramienta de divulgación ambiental.

 

Publicidad