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El clima espacial distorsionaría los mensajes que nos envían los extraterrestres, según el último estudio del SETI

Por Agencia

El SETI, acrónimo de Search for ExtraTerrestrial Intelligence o, en español, Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, persigue el objetivo de detectar e interpretar señales electromagnéticas, ya sean de radio o luz, que indiquen la existencia de civilizaciones tecnológicamente avanzadas fuera de la Tierra. Un proyecto tan ambicioso como infructuoso hasta la fecha. Pues bien, un reciente estudio publicado en The Astrophysical Journal ha planteado una hipótesis interesante que explicaría por qué todavía nadie ha contactado con nosotros.

La investigación, que ha sido liderada por el astrónomo Vishal Gajjar y su asistente Grayce C. Brown, sugiere que la actividad de las estrellas cercanas a nuestro sistema solar y de planetas emisores puede ensanchar señales que, originalmente, son de banda estrecha. Al dispersarse la potencia de la transmisión en múltiples frecuencias, el mensaje se vuelve prácticamente invisible para nuestros radiotelescopios convencionales, que rastrean picos de energía muy específicos.

Los científicos del Instituto SETI, organización financiada por la NASA, explican que las fluctuaciones en la densidad del plasma y las eyecciones de masa coronal provocan un efecto de emborronamiento en las ondas de radio. Este fenómeno ocurre cerca del punto de origen del mensaje, lo que significa que incluso una señal tecnológica perfecta llegaría a nuestro sistema solar totalmente degradada y, por tanto, sería imposible de interpretar.

El plasma estelar como una especie de niebla

El estudio detalla cómo el entorno de una estrella puede hacer que una señal «se deslice por debajo de nuestros umbrales de detección, incluso si está allí, ayudando potencialmente a explicar parte del silencio radiofónicoque hemos detectado al buscar tecnofirmas», según declaró Vishal Gajjar. Una realidad física que obligaría a replantear las estrategias actuales de búsqueda de civilizaciones tecnológicamente avanzadas.

Para llegar a estas conclusiones, los expertos calibraron los efectos de la actividad estelar utilizando transmisiones reales de naves espaciales en nuestro sistema solar. Al extrapolar estos datos a sistemas lejanos, confirmaron que el clima espacial es un factor crítico que «ensucia» la claridad de cualquier intento de comunicación interestelar, reduciendo la fuerza máxima que los sistemas de búsqueda esperan encontrar.

«Al cuantificar cómo la actividad estelar puede remodelar las señales de banda estrecha, podemos diseñar búsquedas que se adapten mejor a lo que realmente llega a la Tierra, no solo a lo que podría transmitirse», afirmó Grayce C. Brown, quien sostiene que estos hallazgos implican una reconfiguración de la mecánica establecida para localizar formas de vida.

El debate sobre los UAP

Este avance científico se produce en un contexto de alto interés mediático por los UAP (Unidentified Anomalous Phenomena fenómenos anómalos no identificados). Especialmente, desde que Barack Obama dijese en una entrevista que “los extraterrestres son reales”, aunque el personalmente nunca los hubiese visto. Algo a lo que Donald Trump reaccionó acusándole de haber podido revelar información clasificada y publicando documentos secretos al respecto.

Más allá de polémicas, el Instituto SETI pone el foco en la realidad técnica de las ondas de radio. Lo que viene a concluir este estudio es que, aunque no estemos solos en el universo, el espacio es un lugar demasiado ruidoso y tormentoso como para que los mensajes de radio convencionales superen fronteras estelares con éxito. Algo que tampoco nos permitiría a nosotros comunicarnos con otras civilizaciones inteligentes, como es obvio.

 

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