Por Agencia
Las estimaciones relacionadas con la subida del nivel del mar derivada del deshielo de los polos realizadas a lo largo de los últimos años no han sido precisamente halagüeñas. Pues bien, un reciente estudio publicado en Nature asegura que la inmensa mayoría de ellas son erróneas, y no precisamente para bien. Y es que, según cuentan sus autores, en ellas se han ignorado factores físicos críticos, lo que se se traduce en que el riesgo para las poblaciones costeras es significativamente superior al que se consideraba hasta la fecha.
Al parecer, el origen del problema reside en la utilización de los denominados geoides, que son modelos matemáticos que representan la superficie oceánica basándose exclusivamente en la rotación y la gravedad terrestre. Al prescindir de elementos dinámicos como las mareas, las corrientes o la temperatura del agua, los científicos han trabajado con un escenario teórico que no coincide con la realidad de nuestras costas. Según el profesor Philip Minderhoud, de la Wageningen University & Research, existe un «punto ciego metodológico» que ha distorsionado las evaluaciones de peligro durante años.
El impacto sobre la población global
El citado Philip Minderhoud, junto a la también investigadora Katharina Seeger, analizó 385 trabajos científicos relacionados con el incremento del nivel del mar y llegó a un terrible conclusión: el 90% de ellos incurrió en este error de base al no utilizar mediciones directas. El ajuste de estos cálculos sugiere que un aumento de un metro en el océano podría anegar un 37% más de superficie terrestre de lo que se preveía anteriormente. Esta corrección técnica sitúa en el centro de la vulnerabilidad a una cifra que oscila entre los 77 y los 132 millones de personas adicionales en todo el mundo.
La magnitud del error es especialmente notable en el Sudeste Asiático y en diversas naciones del Pacífico, donde el nivel real de las aguas supera los registros teóricos por márgenes considerables. En estas regiones, la diferencia entre el modelo matemático y la altura real del mar alcanza valores que ponen en entredicho los planes de adaptación vigentes. Las discrepancias en el Indo-Pacífico son tan elevadas que algunas islas ya sufren inundaciones recurrentes que no figuraban en los mapas de riesgo oficiales.
La vulnerabilidad del sur
Las proyecciones revisadas indican que el 13,7% de los habitantes del planeta reside actualmente en zonas costeras de baja altitud, superando el 11% que estimaba la Unesco y el IPCC en sus informes de 2022. «Para comprender cuánto más alto está un terreno que el agua, es necesario conocer la elevación del terreno y la del agua, como es obvio. Lo que este artículo afirma es que la gran mayoría de los estudios realizados simplemente asumen que el cero en el conjunto de datos de elevación del terreno es el nivel del agua. Pero no tiene por qué serlo», explicó Ben Strauss, director de Climate Central.
Para los activistas ambientales en zonas críticas como Vanuatu, estas correcciones académicas confirman una crisis que ya destruye infraestructuras y medios de subsistencia locales. El retroceso de la línea de costa y la salinización de acuíferos son evidencias de que el cambio climático avanza con mayor celeridad de la proyectada. La joven activista Vepaiamele Trief, ante la gravedad de la situación, aseguró en PBS que “estos estudios no son solo palabras o números escritos. Afectan al sustento real de las personas”.
Hacen falta nuevos modelos
La solución propuesta por los autores del estudio exige un cambio de paradigma que priorice el uso de datos locales validados y observaciones satelitales directas. Los gobiernos deben actualizar sus planes de contingencia para reflejar que el punto de partida de la superficie marina es más elevado de lo que indicaban los mapas previos. Solo mediante una integración precisa de la elevación del terreno y el nivel del agua se podrán diseñar estrategias de defensa eficaces contra el calentamiento global.
A pesar de la gravedad de los datos, la incertidumbre sobre el comportamiento humano y las medidas de adaptación también jugarán un papel crucial. En cualquier caso, la mejora en la precisión de los modelos es un paso fundamental para que los organismos internacionales y los ministerios competentes puedan asignar recursos de manera eficiente. Solo así será posible proteger a las comunidades más vulnerables antes de que el avance del océano sea irreversible.