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Dr. Jesús Reolid, geólogo en la Antártida: “Has de preparar las maletas teniendo en cuenta que vas a estar 28 días en el barco»

Por Agencia

El día 19 de febrero comenzó, como cada año, la Campaña de Investigación Antártica española, un impresionante entramado logístico que tiene por objetivo entender mejor el continente helado. Esta campaña, la número 39, aúna a más de 200 personas entre científicos y personal y un total de 28 proyectos de investigación en los que 15 están aprobados por la Agencia Estatal de Investigación, tres serán series históricas y los 10 restantes proceden de otros países a los que se prestará apoyo en las instalaciones españolas.

Con estos proyectos se pretende comprender cuestiones que pueden afectar a nivel global, como el ratio de derretimiento del hielo, y las condiciones de la vida marina en los alrededores del continente. Desde el Consejo Superior de Investigaciones científicas destacan dos proyectos de gran envergadura y de gran importancia por sus implicaciones.

El proyecto MERIDIAN, dirigido por la Universidad Autónoma de Madrid y en el que participan investigadores de la Universitat de València, del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama y del CEDEX, va a medir el impacto de las perturbaciones ambientales en las cuencas de seis lagos antárticos. La idea es monitorizar los lagos para ver cómo cambian los microorganismos, que son vitales a la hora de fijar y liberar carbono a la atmósfera.

Otro proyecto, denominado POLAR-MELT, explorará los arroyos que se forman durante el deshielo y cómo los microorganismos y los nutrientes se desplazan a través de estos corredores hasta los hábitats acuáticos y terrestres situados en los límites de los glaciares. De este modo, esperan poder anticipar los impactos del calentamiento global en este continente en uno de los ambientes más vulnerables en La Tierra.

La vida más humana a bordo de un barco científico

“Lo más importante es ser previsor”. Nos explica Jesús Reolid, profesor de geología en la Universidad de Granada, a través del teléfono antes de partir a la campaña. “Has de preparar las maletas teniendo en cuenta que vas a estar 28 días en el barco y que se puede alargar 4 o 5 días por imprevistos”. Pero también está sujeto a cuestiones logísticas: “No me puedo traer 28 mudas de ropa interior y 28 pares de calcetines, ¡imagina lo que pesaría eso!” exclama. Por necesidad, el buque de investigación oceanográfica Hespérides cuenta con una lavandería que se alterna entre babor y estribor, nos indica. “Aún así, mucha gente acaba metiendo su ropa en la misma lavadora, por lo que una de las cosas más importantes es meter en la maleta una bolsa de rejilla con la que separar tu ropa de la del resto”.

Respecto al resto de la maleta, el geólogo no nos destaca nada importante más allá de lo que cualquier persona se llevaría para un viaje de trabajo de un mes. “Llevo ropa vieja, que no me importa que se manche porque, aunque hay botas de agua y chubasqueros en el buque, cuando estamos de muestreos durante horas es normal que el barro acabe en todas partes”.

Además, Jesús nos explica, “En la maleta de mano llevo una sudadera, un par de mudas por si acaso y lo imprescindible para mi trabajo, como el ordenador portátil y discos duros, así, si se me perdiera la maleta, podría reaprovisionarme antes de partir.” Todo esto se debe a que, para llegar al Hespérides, el geólogo granadino tuvo que tomar un vuelo desde Granada hasta Madrid, de allí otro hasta Santiago de Chile y, finalmente, el último vuelo hasta Punta Arenas, cerca del punto más meridional de la Patagonia Chilena. Con varias escalas, por tanto, es posible que las maletas acaben en otro lugar del mundo, y en el caso que eso pasara, es importante tener algo de margen poder maniobrar.

Otras curiosidades de la vida a bordo

Cada camarote del Hespérides cuenta con una litera y un cuarto de baño, por lo que la camaradería es más una necesidad que una virtud. “Lo primero que haces al entrar es hacer la cama, poner la bajera, y otras tareas que harías en tu casa, pero en este caso, en una cama encajonada, por lo que es bastante más difícil. Además yo no tengo el tamaño más adecuado para este tipo de viajes, por lo que en estos casos siempre me siento embutido”. Nos indica entre risas en un vídeo mientras arregla su parte del camarote.

Respecto a los horarios, aunque hay momentos en los que se junta gran parte de la tripulación, cada persona lleva su propio horario. Con tan poco espacio, cada detalle para evitar problemas y molestias es crucial “Me he traído una mochila dentro de mi mochila en la que meto todo lo necesario para mi trabajo del día siguiente y así, al salir, molestar lo mínimo posible a mi compañero de camarote”. Nos muestra Jesús en un vídeo.

“Uno de los problemas de la vida a bordo del Hespérides es que es un estilo de vida muy sedentario”, explica. Durante los días de navegación en un día habitual sólo puedes caminar por los pasillos y, como mucho subir o bajar escaleras, pero la mayoría del tiempo se pasa trabajando. “Por suerte, en el buque hay dos gimnasios equipados con máquinas, aunque el poder usarlas o no depende de las condiciones del mar”.

Aunque lo que destaca de las expediciones son los reencuentros inesperados, “Esta es mi segunda expedición y me he reencontrado con compañeros de carrera y con personas de expediciones anteriores, incluso con familiares investigadores”.

Bajar del barco a la extraña oficina

Durante la campaña, los investigadores pasan por distintos puntos de la Antártida, como la Península de Byers y la isla Livingston, donde toman las muestras necesarias, colocan los instrumentos y hacen las mediciones con las que obtendrán los datos para comprender el estado actual del continente.

Estas jornadas de muestreo y colocación de instrumental se hacen en condiciones de frío extremo y pueden durar todo un día, por lo que son muy exigentes con el personal. Por supuesto, tanto los científicos, como el Ejército de Tierra, que gestiona la base ‘Gabriel de Castilla’ en la Isla Decepción y la Armada Española, que opera el buque, ha recibido formación previa para casos de emergencia, y están en constante vigilancia en caso de que ocurra alguna catástrofe.

La trigésimo novena Campaña de Investigación Antártica española promete ser una de las más fructíferas a nivel científico. Todo esto es posible gracias a las unidades ya indicadas y a la Unidad de Tecnología Marina del CSIC, que gestiona la base ‘Juan Carlos I’ en la Isla Livingston y es responsable de la coordinación logística de la campaña. Una logística nada sencilla en la que mueven a 200 personas al “Fin del mundo” para comprender las repercusiones de nuestras acciones.

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