Por Agencia
Un equipo de científicos ha confirmado que la fauna silvestre ya transporta bacterias resistentes a antibióticos críticos, incluso sin haber sido tratada nunca con esos fármacos. El hallazgo, publicado en Frontiers in Microbiology, describe la presencia de Klebsiella pneumoniae en animales salvajes del norte de Italia y lanza una advertencia incómoda: la resistencia antimicrobiana ya no es solo un problema de hospitales y granjas, sino también de ríos, suelos, vertidos y ecosistemas abiertos.
La cifra puede parecer modesta a primera vista: la bacteria apareció en el 2,0 % de las muestras analizadas. Pero el detalle verdaderamente perturbador no está en ese porcentaje, sino en su perfil: el 100 % de los aislados de K. pneumoniae procedentes de fauna silvestre eran resistentes a cefalosporinas de tercera generación, antibióticos esenciales para tratar infecciones graves como neumonía, meningitis o sepsis.
Lo inquietante es que el bosque empieza a reflejar el mismo problema que creíamos encerrado en los entornos clínicos. Y cuando una bacteria de alto riesgo aparece en zorros, cuervos, urracas o aves acuáticas, el mapa de la amenaza se expande: los mamíferos la desplazan por tierra; las aves, por aire; el agua y los residuos hacen el resto. No es una metáfora ecológica, sino una circulación biológica real, silenciosa y cada vez más difícil de contener.