Por Agencia
El año 1967 James Hiram Bedford, catedrático emérito de psicología de psicología de la Universidad de California sucumbió al cáncer de riñón que le afectaba desde hacía tiempo. Tenía 73 años. Pero su muerte no fue como todas las anteriores; preparado frente a su cama se encontraba el futurólogo Robert Prehoda con todo el material que creía necesario para llevar a cabo un “experimento” que nunca antes se había intentado en humanos.
Lo primero que hizo Robert fue perfundir un compuesto químico, denominado dimetilsulfóxido y un fluido que se emplea normalmente en cirugías, llamado solución de Ringer en el sistema circulatorio del ya fallecido Bedford. La idea de este cambio de fluidos es simple. El agua, cuando se congela, forma cristales de hielo. Si son de gran tamaño crea lo que conocemos como los cubitos de hielo, pero cuando se empiezan a formar, en los primeros momentos del proceso de nucleación, estos cristales microscópicos son como pequeñas cuchillas que cortan por la mitad células y tejidos.
Esto es muy sencillo de visualizar con una acción tan cotidiana como es congelar un filete de carne. Al descongelarlo, muchas personas se darán cuenta que suelta “agüilla” de color rosáceo. Esto no es sangre, es el contenido de las células y tejidos que se han roto por los cristales.
En un filete las consecuencias no son muy importantes, puesto que lo único que sucederá es que perderá un poco de textura. Pero a la hora de conservar órganos como el cerebro, estos cortes producidos por el hielo suponen daños celulares irreparables, que impiden que, posteriormente, se pueda revivir. De ahí que empleasen dichos fluidos, para evitar la formación de los cristales de hielo.
Tras esto, comenzaron a enfriar el cuerpo hasta alcanzar una temperatura de -196ºC, ya que, como indican las ciencias metabólicas, a partir de -153ºC el metabolismo se para completamente y las células quedan en estado de suspensión, congeladas tanto en la realidad como en el tiempo. Allí, en las instalaciones de la conocida como Alcor Foundation, permanece el cuerpo de Bedford hasta la fecha.
El problema de recalentar
Entrar en este estado de congelación es pagar un billete de ida sin saber si en algún momento habrá vuelta, como especifican en sus webs todas las empresas que lo ofertan. Aunque desde que congelasen a Bedford la criónica ha seguido avanzando. Ahora ya no se congela, ahora el proceso se denomina vitrificación, en el que los cristales de hielo se reducen al mínimo y los tejidos quedan prácticamente intactos.