Por Agencia
El universo está constantemente demostrando lo increíblemente complicado que es comprender los tejemanejes que ocurren en su seno. Y cuanto mayores son los monstruos que se persiguen los astrónomos, más crecen los misterios que los rodean. Por ello no es de extrañar que entre los cuerpos celestes más poderosos y desconocidos se encuentren los agujeros negros y las estrellas de neutrones.
Los primeros exhiben un poder gravitacional tan colosal que rompen el tejido mismo de la realidad y tienen la capacidad de destruir la información de todo lo que cae en ellos. Y las segundas son remanentes de la explosión de estrellas mucho mayores que las de nuestro Sol. Aunque no alcanzan la densidad de los agujeros negros, su núcleo comprime tanto los átomos que transforman la materia en neutrones.
En ocasiones estos dos cuerpos celestes orbitan uno alrededor del otro (en realidad en torno a un punto gravitatorio intermedio) en un baile que, hasta ahora, se creía perfectamente circular en los últimos momentos antes de que los objetos choquen. Pero debido a una investigación llevada a cabo por tres centros de alto prestigio en cuestiones astronómicas ahora sabemos que no es siempre así. Un evento gravitacional acontecido en una de estas parejas, llamada GW200105, indica que el sistema siguió una órbita elíptica antes de acabar fusionándose en un agujero negro de 13 veces la masa del Sol.
Un baile que descoordina los modelos actuales
La Dra. Patricia Schmidt, una de las autoras del artículo de la Universidad de Birmingham, lo tiene claro: “Este descubrimiento nos proporciona nuevas pistas fundamentales sobre cómo se forman estos objetos extremos. Nos indica que nuestros modelos teóricos están incompletos y plantea nuevas preguntas sobre en qué parte del universo nacen estos sistemas”.
Según explican los investigadores, han necesitado analizar una cantidad ingente de datos del detector estadounidense LIGO (Laser Interferometry Gravitational-waves Observatory), y el europeo Virgo, ambos diseñados para confirmar las teorías de Einstein acerca de las ondas gravitacionales. Además, tuvieron que desarrollar un nuevo modelo para comprender las ondas gravitacionales con los que poder tener en cuenta los óvalos que estaba trazando la estrella de neutrones y las perturbaciones que producían las mismas en el espacio.
Con todos los datos sobre la mesa han logrado asegurar con una confianza del 99,5 % que la órbita que seguían estas estrellas no era circular. Los estudios anteriores de este mismo par pudieron sobreestimar la masa de la estrella de neutrones y subestimar la del agujero negro. Pero ahora, con estos nuevos datos, todo apunta a que la trayectoria oval es producto de su formación.
Entonces ¿Por qué no es un círculo?
Para responder a esta pregunta, según indica Geraint Pratten, de la Royal Society de la Universidad de Birmingham han de interrogar a la propia trayectoria de la órbita. “Su forma elíptica justo antes de la fusión demuestra que este sistema no evolucionó tranquilamente de forma aislada, sino que, con toda seguridad, fue moldeado por interacciones gravitacionales con otras estrellas, o quizás con una tercera compañera”. Es decir, que la frase ‘tres son multitud’ cobra un matiz interesante cuando se habla de astronomía, ya que en este caso un trío de estrellas impediría circularidad de la órbita.