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Así ven el mundo las personas con glaucoma

Por Agencia

La visión es un sentido fascinante. Para que nuestro cerebro pueda ver el entorno, primero los rayos de luz han de rebotar en los objetos, estos rayos de luz rebotados atravesarán la córnea y el cristalino y llegarán al fondo del ojo, donde se encuentran unas células especializadas en la captación de luz denominadas conos y bastones. Estas células transforman los fotones en impulsos nerviosos que llegarán al cerebro a través del nervio ocular, y el cerebro se encargará de procesar el tremendo chorro de información.

Sin embargo, debido a distintas condiciones, puede que esta información se acabe perdiendo, lo que provoca distintos grados de pérdida de visión. La más común es el glaucoma, un conjunto de afecciones que afectan al nervio ocular. Pero que sea común no le resta importancia, de hecho, según datos recopilados por la Asociación de Glaucoma para Afectados y Familiares (AGAF), cerca de 379.000 personas diagnosticadas en España tienen reconocida algún grado de discapacidad, que en la mitad de esos casos es superior al 65 %.

Pero lo que es más preocupante, al menos 400.000 personas podrían padecer glaucoma sin saberlo. Como indica el presidente de la AGAF, Joaquín Carratalá: “El glaucoma es conocido como el ‘ladrón silencioso de la visión’ porque avanza sin síntomas en sus primeras fases. Muchas personas descubren que lo padecen cuando ya han perdido parte del campo visual y ese daño es irreversible”.

Cómo comienza el glaucoma

El ojo está relleno por un líquido transparente que se denomina humor acuoso. Su función es la de aportar nutrientes a las células y mantener por lo que se encuentra en constante renovación. Pero este líquido también se encarga de mantener la forma esférica del globo ocular y por eso, ha de encontrarse a una presión adecuada. Para ello, el exceso de líquido sale a través de la malla trabecular, un tejido esponjoso que manda el humor sobrante a la sangre. Sin embargo, en ocasiones, este tejido puede obstruirse parcial o totalmente, y por ello, la presión en el interior del ojo se dispara.

Cuando la obstrucción es parcial se produce el denominado glaucoma de ángulo abierto, que se caracteriza por un aumento paulatino de la presión. Esta condición, inicialmente indolora e imperceptible, va agravándose hasta que comienza a constreñir y dañar el nervio óptico y los tejidos periféricos. El problema de este tipo de glaucoma es, precisamente, este inicio temprano de la enfermedad, que al no mostrar síntomas va deteriorando las estructuras lentamente hasta que se convierten en daños irreversibles.

En cambio, en el glaucoma de ángulo cerrado, el bloqueo del drenaje es repentino, por lo que el aumento de la presión es súbito y viene acompañado de intenso dolor de ojos, visión borrosa, y otros síntomas más inespecíficos como náuseas y mareaos. En estos casos una intervención médica de urgencia puede mitigar los posibles daños.

Daño neurológico por una causa compleja

El resultado de los daños es la pérdida progresiva del campo visual, lo que deriva en la conocida como “visión en túnel” o en “cañón de escopeta”, como recalcan desde AGAF. Este tipo de visión afecta gravemente las actividades cotidianas, como puede ser el conducir, el leer o simplemente desplazarse con seguridad. Los pacientes afectados, además, pueden requerir de asistencia psicológica, puesto que una vez comienzan los síntomas de la enfermedad, no tienen cura.

De ahí que sea de vital importancia acudir rutinariamente a revisiones oftalmológicas, especialmente a partir de los 45 años, cuando aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad. Porque cuanto antes se detecte y se aborde desde la clínica, mejor prognosis para los pacientes. En la actualidad, los tratamientos tienen la capacidad de frenar en gran medida o totalmente la progresión de la enfermedad, especialmente si se detecta tiempo. “Muchas personas con glaucoma sólo buscan apoyo cuando la pérdida de visión ya es importante, pero contar con información y acompañamiento desde el diagnóstico puede marcar una gran diferencia”, explica Carratalá.

Desde la asociación también piden que el glaucoma se considere como una enfermedad neurodegenerativa puesto que, aunque la causa original no sea nerviosa, el tejido más afectado sí que lo es. De este modo, podrían abrirse tratamientos basados en terapia celular o genética que abordasen directamente el daño neuronal y permitiesen no sólo frenar la enfermedad, sino también revertir su daño.

 

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