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El último secreto de Schrödinger no era un gato, sino un misterio que llevaba 100 años sin resolverse. Hasta ahora

Por Agencia

Erwin Schrödinger fue uno de los físicos que más aportaciones a la termodinámica realizó a lo largo del siglo XX. De hecho, llegó a ganar el premio Nobel en 1933 junto a Paul Dirac. Sin embargo, para el público general, lo que mayor popularidad le granjeó fue un experimento mental elaborado tras mantener una larga correspondencia con Albert Einstein. Hablamos, cómo no, del gato de Schrödinger, que para ilustrar lo absurda que resultaba la interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica imaginó a un gato encerrado en una caja, el cual podía estar vivo y muerto al mismo tiempo.

Sin embargo, esta no fue la única aportación de Erwin Schrödinger a la posteridad. En el siglo XIX, el matemático Bernhard Riemann propuso que las los tres tipos de células cono de las que depende la visión humana, las cuales son sensibles a las luces roja, azul y verde, generaban un espacio tridimensional curvo. Posteriormente, el físico utilizó esta idea para desarrollar un sistema de medición en la década 1920, el cual un equipo de científicos acaba de revisar en profundidad.

El estudio, liderado por la científica Roxana Bujack, redefine la comprensión de cómo los seres humanos percibimos el color, corrigiendo la teoría propuesta por Schrödinger. El objetivo del trabajo es describir de forma precisa el matiz, la saturación y la luminosidad a través de la geometría. La investigación, publicada en Computer Graphics Forumen PNAS, demuestra que estas cualidades no son construcciones externas aprendidas, sino que surgen de la propia estructura interna del sistema visual.

A través de este estudio, el equipo llegó a la conclusión de que las propiedades métricas del ojo codifican la distancia percibida entre los colores, es decir, cómo de diferentes se muestran ante un observador.

Los ‘errores’ de Schrödinger

Uno de los errores principales residía en el eje neutral, que es la línea de tonos grises que conecta el blanco con el negro dentro del espectro. Aunque las definiciones de Schrödinger dependían de este eje, el físico nunca llegó a definirlo de manera matemática formal. Sin este componente esencial, la construcción del modelo de visualización científica quedaba incompleta y carecía de un fundamento geométrico sólido para aplicaciones modernas.

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