Por Agencia
“Es el sensor principal que le indica al cerebro cuándo hace frío. Sabíamos desde hace mucho tiempo que esto ocurría, pero no sabíamos cómo. Ahora podemos verlo”, explica Hyuk-Joon Lee, miembro del laboratorio de Seok-Yong Lee en la Universidad de Duke. Hace poco, los miembros de este grupo de investigación han logrado reconstruir el mecanismo exacto por el que la proteína TRPM8 modifica su estructura para señalizar a las neuronas la sensación de frío.
Para lograrlo, paradójicamente, han tenido que utilizar una técnica denominada criomicroscopía electrónica que se basa en congelar las muestras con nitrógeno líquido para así conservar su estructura natural y funcional. De este modo han podido ver exactamente cómo se encuentran los átomos en la proteína y averiguar qué sucede cuando detecta frío.
Lo que han podido observar es que cuando las neuronas de la piel detectan temperaturas inferiores a 27ºC, la proteína TRPM8 comienza a abrirse y deja pasar iones de que se encuentran alrededor de las neuronas al interior, lo que dispara una señal al cerebro que se podría traducir como “cuidado que empieza a hacer frío”. El mentol, el eucaliptol y otras sustancias también se pueden unir a TRPM8 y facilitar su apertura, por lo que provoca la misma sensación de frescor en temperaturas superiores.
El mentol, un truco de la naturaleza
La menta y otras plantas miembro de la misma familia de especies producen mentol de forma natural para protegerse de insectos, plagas y ciertos herbívoros. Según se ha podido demostrar en estudios previos, el mentol puede reducir el crecimiento de bacterias como estreptococos o lactobacilos, que pueden causar problemas a la planta. Además, debido a su estructura química peculiar, el mentol da esa sensación de frescor no solo a los humanos, sino a muchos otros animales. Aunque los humanos parece que buscamos este tipo de sabores por su singularidad, otros herbívoros encuentran la sensación de frescor como extraña, irritante, o simplemente repugnante, por lo que prefieren dejar esas plantas en paz.
En la actualidad existe toda una industria de producción de mentol, que se obtiene normalmente a partir del refinado de aceite de piperita, una planta híbrida de menta y hierbabuena. Una vez purificado, el mentol se utiliza en productos cosméticos, médicos o de higiene, como pueden ser las pastas de dientes. Lo que se suele buscar con estos productos es que den una sensación de frescor, porque culturalmente, los humanos hemos asociado esa sensación con la limpieza.
Mentol y frío: aún más frío
Mucha gente habrá observado que cuando nos tomamos un chicle de menta en un día frío, la sensación de frío en la boca es mucho mayor que cuando sólo hacemos una de las dos cosas. Esto es porque “Cuando combinamos frío con mentol, la respuesta se potencia de forma sinérgica”, explica Lee. De hecho, tuvieron que utilizar ambas condiciones, frío y presencia de mentol, para poder congelar la molécula en su estado más abierto.
Pero lo más interesante del estudio no es sólo el poder entender el mecanismo, sino que está ligado a algunos potenciales usos terapéuticos muy interesantes. En las personas en las que TRPM8 no funciona correctamente, se ha observado que tienen una mayor propensión a padecer más dolor crónico, migrañas, ojos secos, o incluso ciertos cánceres. Por ello hay medicamentos aprobados como el Acoltremon que son análogos al mentol y que al ponerse en forma de gotas en los ojos es capaz de activar el mecanismo de enfriado para estimular la producción de lágrimas y calmar los ojos irritados.
Pero a pesar de que se habían aprobado estos usos médicos, todavía se desconocía el mecanismo concreto. “Antes no estaba claro cómo el frío activaba este canal a nivel estructural”, indica Lee. “Ahora podemos ver que el frío desencadena cambios estructurales específicos en la región de los poros de TRPM8. Esto nos proporciona una base para desarrollar nuevos tratamientos que se centren en esta vía”. Es decir, que gracias a comprender cómo la menta activa la sensación de frío, los investigadores esperan desarrollar nuevos tratamientos con los que tratar desde migrañas hasta algunos tipos de cánceres. El trabajo, presentado en la septuagésima reunión anual de la Sociedad de Biofísica, espera seguir estudiando procesos similares para encontrar nuevas oportunidades que ayuden a comprender cómo funcionan las células, esas pequeñas piezas que conforman el puzle de la vida.